lunes, 18 de octubre de 2010

Amor

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"El verdadero amor no es ciego, el verdadero amor es consciente e inteligente, porque nos permite dar en su justa medida lo que más requieren los demás."

«Si yo hablo con las lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, soy un latón sonoro (…). Y si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y tengo todo el conocimiento, y toda la fe, para mover montañas, y no tengo amor, nada soy. Y si doy todos mis bienes para alimentar a los pobres y entrego mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me aprovecha.


El amor es paciente, es amable; el amor no es envidioso, no es vano, no es jactancioso; no se comporta indecentemente, no busca lo propio, no se irrita, no piensa mal. El amor no se regocija en la injusticia, sino que se regocija en la verdad. El amor cubre calladamente todas las cosas, siempre mantiene confianza, confía en todas las cosas, soporta todas las cosas. El amor nunca deja de ser, aunque las profecías se acabarán y las lenguas cesarán (…)»



Dos de los principales postulados de la Enseñanza de Jesús son:

Primero: Dios-centrismo, es decir, el no percibirse a uno mismo, sino a Él como la Fundación principal del mundo, como la Meta y el Significado de la existencia de todo, dedicando a Él la propia vida, preparándose uno mismo para unirse con Él, aspirar a esta Unión y ayudar a los demás en este Camino.

Segundo: La preparación de uno mismo para la realización del primer punto, a través del desarrollo de amor emocional en las relaciones con otras personas. Cuando este amor sea desarrollado, podrá dirigirse a Dios el Padre. Esto asegurará el rápido acercamiento y Unión con Él.

Es muy importante entender que la Unión con el Padre es la Unión con Él en el amor, porque Él Mismo es Amor, el estado de Amor. Y para lograr esto, tenemos que transformarnos en Amor.

El grado de transformación de sí mismo (como una conciencia) en energía de amor emocional es la medida del propio progreso espiritual (dando por hecho que uno también posee sabiduría, y la conciencia desarrollada cualitativamente). (En cambio, la austeridad y la severidad emocional de muchos «pastores» es una indicación de lo contrario).

El amor no es pensamientos sobre las buenas acciones e incluso no es hacer lo que creemos que son buenas acciones.

El amor es una emoción, un estado emocional de la energía de la conciencia. Si uno tiene como objetivo realizar actos de amor, pero no es capaz de amar cordialmente, esto, a menudo, resulta absurdo: lleva a la imposición egocéntrica y testaruda de sí mismo, a la violencia hacia los otros e incluso al resentimiento sobre las reacciones de los demás: ellos «no entienden el amor», «no quieren aceptar mis cuidados»…

El verdadero amor es incompatible con la violencia (con excepción de algunos casos: cuando uno debe proteger a alguien de la violencia, a veces sacrificándose a sí mismo, y en algunas situaciones de educación de los niños y de corrección de la conducta de los locos); si no, no será amor, sino la violación a éste. Y ninguna persona normal quiere esto.

"El verdadero amor tampoco son las emociones desenfrenadas de la pasión sexual. Ésta es una pasión, no amor. Y por supuesto, el amor no es la técnica de alcanzar la satisfacción sexual. "

El verdadero amor son emociones que se originan en el corazón espiritual, y los actos del verdadero amor son hechos bajo el control del intelecto en base a estas emociones.

Las emociones no son un producto del cerebro como «los materialistas» enseñaban. Las emociones son estados de la conciencia. Éstas se originan en órganos especiales de energía de la conciencia, y no del cuerpo.

De hecho el cerebro reacciona a los estados emocionales cambiando su actividad bioeléctrica, porque, a través del cerebro la conciencia actúa recíprocamente con el cuerpo. Por ejemplo, bajo ciertas emociones, la presión de la sangre cambia, aparece la sudoración y el semblante varía. Pero éstas no son emociones, pese a que aparezcan tales aserciones en los libros de fisiología escritos por «los materialistas». Éstas son simplemente reacciones del cuerpo a los estados emocionales de la conciencia comunicados a través del cerebro.

En el organismo humano multidimensional hay centros especiales de energía (se llaman chakras o dantyans) que son los responsables de regular los estados de conciencia.

Por ejemplo, la actividad de pensar es responsabilidad de los chakras de la cabeza. Las emociones de ansiedad y enojo se originan en la estructura energética (chakra) de la parte superior del abdomen, y las emociones de amor, en el corazón espiritual que se localiza en el tórax y ocupa (si está desarrollado) casi todo su volumen.

La «apertura» del corazón espiritual es el punto principal en la fase inicial de la auto-perfección. Porque para la mayoría de las personas será la primera posibilidad de experimentar qué es el amor, y no sólo hablar de éste.

Sólo cuando lleguemos a conocer esto, podremos entender «en qué idioma» debemos hablar con Dios y con aquellos que están cerca de Dios.

Sólo después de ese momento seremos capaces de encontrar armonía en las relaciones con el mundo de la naturaleza viviente y con las personas. Y sólo después, lo que se llama «espiritualidad» podrá surgir en nosotros; sin eso no hay ningún Camino espiritual.

Sobre amor cordial Jesús y los apóstoles dijeron lo siguiente:

«Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» 
Mateo 5:8.

«Entren en su templo, en su corazón, Ilumínenlo con pensamientos buenos, la paciencia y confianza inmóvil que ustedes deben tener en su Padre.

Y sus vasos sagrados, ellos son sus manos y sus ojos. ¡Piensen! Y hagan lo que es agradable a Dios, porque haciendo el bien a su vecino, ustedes cumplen un rito que embellece el templo que pertenece a Aquel Quien les dio vida.

Si desean realizar obras marcadas con amor o piedad, háganlas con un corazón abierto y no permitan que sus acciones sean gobernadas por cálculos o la esperanza de sacar provecho»
 La Vida de San Issa, 9:12,13,16

«Que nadie mire por sus propias cosas, sino que cada hombre también por las cosas de los demás»
Filipenses 2:4

«Un mandamiento nuevo les doy: ¡que se amen los unos a los otros! ¡Así como Yo los he amado, también deben amarse los unos a los otros!» 
Juan 13:34

«Y sobre todo, tengan el amor ferviente los unos a los otros, porque el amor cubre multitud de pecados»
1 Pedro 4:8.

«Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso. Porque si no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a Quien no ve?» 
1 Juan 4:20.

«Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios. Porque Dios es Amor» 
1 Juan 4:7-8.

«Amados, si Dios nos amó así, nosotros también debemos amarnos unos a otros (…). Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros, y Su Amor perfecto está en nosotros» 
1 Juan 4:11-12

«Dios es Amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él»
1 Juan 4:16.

«No deban nada a nadie, salvo el amor (…)» 
Romanos 13:8.

«Amen a sus enemigos, bendigan a quines los maldicen, hagan bien a quines los odian y oren por quines los ultrajan y los persiguen (…)»
Mateo 5:44

«(…) Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? (…)»
 Mateo 5:46

«(…) Si tienen celos amargos y maldad (en lugar de amor) (…), no se jacten ni mientan contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino es (…) diabólica» 
Santiago 3:14-15.

«El que dice que está en la luz y odia a su hermano está todavía en la oscuridad»
 1 Juan 2:9.

«¡Que su amor sea sin hipocresía! ¡Aléjense de lo malo, péguense a lo bueno! 
¡Ámense fraternalmente unos a otros!» 
Romanos 12:9-10

«¡Amarás a tu prójimo como a ti mismo!»
 Mateo 22:39

«¡Ama a tu hermano! (…) ¡Ñuídalo como la pupila de tu ojo!»
 El Evangelio de Tomás, 25

«Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos» 
Juan 15:13.

«¡Que Mi gozo esté en ustedes, y que su gozo sea perfecto! 
¡Éste es Mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado!» 
Juan 15:11-12.

«¡Estas cosas Yo los mando: que se amen los unos a los otros!» 
Juan 15:17

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