domingo, 7 de julio de 2013

Seguridad en uno mismo

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Esta condición es una de las más anheladas por el ser humano y, al mismo tiempo, una de las más esquivas.

¿Por qué en determinadas situaciones continuamos defendiendo actitudes negativas y autodestructivas a pesar de la evidencia en contra? ¿Por qué permanecemos atados a la irracionalidad pudiendo salirnos de ella? ¿Por qué a veces preferimos las mentiras?

"La gente no desea la verdad. Desea promesas tranquilizadoras."
Anthony de Mello

La mayoría de personas mostramos una alta resistencia al cambio. Muchos pensamos que "Más vale malo conocido que bueno por conocer", simplemente preferimos quedarnos con lo poco que conocemos en vez de explorar si hay algo mejor ya que cambiar implica el esfuerzo de reorganizar muchos pensamientos y abandonar ciertos apegos. En peores casos, nos conformamos con lo que somos, con lo que conocemos y creemos saberlo todo perdiendo de esta manera muchas oportunidades.



La seguridad en sí mismo viene, para comenzar, del propio conocimiento. La antigua enseñanza que nunca dejó de ser válida, "Conócete a ti mismo", sigue siendo la clave fundamental para iniciar este camino. No podemos afirmarnos en algo que no conocemos.

No se trata de un conocimiento superficial, puesto que todas las personas, de una manera u otra, están convencidas de que se conocen. Pero solamente saben de sus actitudes diarias, de sus reacciones habituales, de su apariencia física, y de aquello que los demás dicen de uno. Falta el otro conocimiento profundo, el que va más allá de las apariencias y de las circunstancias; el que nos permite reconocernos por encima de todos los cambios, el que ahonda en los defectos y el que encuentra la luz de las virtudes escondidas.

Para conocerse en profundidad hace falta mucho valor. ¿Cómo mantener esa seguridad, sin que decaiga en los momentos difíciles? La mayor parte de los momentos difíciles –por no decir la totalidad- provienen de nuestra esfera emotiva.

"Son las emociones, las pasiones incontroladas, las que pueden derribar el edificio pacientemente construido de la seguridad personal. Por lo tanto, no debemos confiar esta autoafirmación a elementos emocionales de manera exclusiva."

No basta con sentir; hay que pensar, y pensar con amor, pues no vale la falsa imagen de que las ideas son "frías". Son las ideas claras, precisas, estables, las que van a contribuir en mayor medida al mantenimiento de la seguridad en uno mismo.

La plena seguridad es también un estado del alma. No tiene ninguna relación con la vanidad, la soberbia o el orgullo de quienes se sienten grandes, sin haber acumulado otro mérito que mirarse siempre con buenos ojos. Ésa no es seguridad, sino una burda autosuficiencia.

La plena seguridad es el resultado de muchas pruebas, errores y correcciones, de mucha paciencia, de sufrimientos, y de recuperar el ánimo tras cada caída. Es la expresión de un largo trabajo a través del tiempo.

La plena seguridad es, en síntesis, el resultado de un esfuerzo inteligente. Es tener delante una meta clara y seguir por el camino recto, sin desviarse ni detenerse. No es un regalo; es una adquisición, es una muestra de madurez espiritual.

¿Nunca has experimentado una muestra de esta particular cara de la victoria? Seguramente, sí.

Cuando has estudiado bien para un examen has percibido que las preguntas no te turbaban; al contrario, estabas feliz de dar las respuestas acertadas y hablabas con plena seguridad.
Cuando has hecho un trabajo a conciencia, prestando atención a cada detalle, te has sentido plenamente seguro de tu obra y feliz de haberla conseguido.

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