sábado, 27 de noviembre de 2010

Infierno y Paraíso

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Aparte de los eones del Cielo, y  el plano material, hay otras dimensiones espaciales que existen en el extremo opuesto de la escala de lo sutil a lo grosero. Éstas son los estratos del infierno. Uno puede percibirlos en ciertos sitios de poder negativos.

El  rasgo específico de  los sitios de poder es la presencia de  algún tipo de energía de  los mundos no materiales que domina allí y afecta el estado de los seres encarnados, incluso el de las personas.

Los sitios de poder pueden ser clasificados, según su efecto, como positivos y negativos. Hay sitios de poder  positivos que son sumamente favorables  para  el trabajo espiritual o para la sanación. Los sitios de poder negativos le permiten  a  uno  llegar a saber  a  que  se asemeja la vida en varios estratos del infierno. Los  tamaños de los sitios de poder varían de un metro a kilómetros.

Ahora  para  nosotros  es  importante  entender  lo que determina el estado  y  la  dimensión  espacial —paradisíaca o  infernal— adonde  las personas  llegan al ocurrir la muerte de sus cuerpos físicos. La respuesta es bastante  simple:  en  el  otro  mundo  el  hombre permanece en el mismo estado de conciencia al que él se acostumbró mientras vivía en el cuerpo físico. Y él continuará existiendo en este estado hasta su próxima encarnación, normalmente por centenares de años. ¡Por esto,  es sumamente  importante dominar  el control de las emociones de uno mismo y no vivir como un animal,  reaccionando de manera  refleja a lo  factores exteriores agradables y desagradables y a los impulsos de las profundidades del cuerpo de uno!.

Los varios estados emocionales pueden ser clasificados según la escala de lo grosero a lo sutil:

  • Entre  los  estados más  groseros  están:  el  odio,  la furia, la molestia, el horror, el miedo, los  celos,  la  depresión,  el  resentimiento, los sentimientos de ser reprimido por alguien, el pesar de la separación, etc. 
  • Al rango medio uno puede asignar estados como: la prisa, la impaciencia, la desesperación, la  ansiedad, la excitación por el trabajo o el deporte, la pasión sexual (deseo apasionado), etc. 
  • Los estados altos de conciencia son: la ternura (incluyendo  la  sexualmente  coloreada),  los  estados  que surgen cuando uno se sintoniza con los fenómenos armoniosos de la naturaleza (la madrugada, la primavera, la  comodidad,  la  calma,  las  canciones  de  los pájaros  cantores,  los  animales  jugando,  etc.)  o  con obras correspondientes de varios tipos de arte. 
  • Hay aún más altos estados de conciencia. Éstos no están presentes entre  las emociones «terrenales», y no hay  ninguna  cosa  terrenal  que  podría  causarlos.  Sólo pueden ser conocidos en las meditaciones más altas de unión con el Espíritu. 

De  los  tres  grupos de estados listados anteriormente,  el primero se llama  tamas, el segundo, rajas y  el  tercero,  sattva. Tamas,  rajas y sattva,  como  cualidades  «terrenales»,  se  denominan gunas. Las categorías más altas  son  «superiores  a  las gunas». 

Haciendo esfuerzos espirituales, el hombre  tiene una posibilidad de ascender de una guna a otra y a los niveles más altos. Pero también puede descender. Y hay que caer en cuenta que lo que estamos discutiendo aquí no es sólo una habilidad de sentir ciertas emociones, sino los estados habituales  de  la  conciencia. Y el estado que es habitual en el momento cuando uno se separa del cuerpo es lo que determina el destino por centenares de años. Pensemos «¿quiero quedarme por tan largo tiempo en los estados de la primera  categoría, entre otros seres semejantes?» Esto es lo que es el infierno.

Si nosotros culpamos a «ellos» —a otras personas o a ciertas circunstancias— por nuestras emociones, estamos equivocados.  Nosotros mismos nos sintonizamos con malas personas o circunstancias, mientras deberíamos sintonizarnos con Dios, con  lo Divino, y eso puede salvarnos del infierno.

«(…) Aléjense de lo malo, péguense a lo bueno»
Romanos 12:9. 

Quizás, algunos puedan objetar, diciendo: «¡Pero apartarse del mal y preocuparse de la propia salvación es  egoísmo!  Y  ellos, la gente malvada  ¿qué  sigan haciendo todo tipo de cosas malas?»

Usted  está  equivocado:  estamos  hablando sobre los  estados de conciencia,  primero  que  nada.  Incluso luchando contra los delincuentes, contra la conducta humana más abominable, si  éste es nuestro deber, puede hacerse sin odio, furia, aversión, en el estado de tranquilidad  emocional  y  armonía  con  la  Divinidad. Mientras que a  través de emociones  infernales, sólo podemos hacernos daño, tanto a  nosotros mismos  como a los amigos.

También es  importante entender que  las emociones  fuertes no  sólo  se alborotan dentro de un  cuerpo: éstas crean alrededor campos de energía que afectan a otras personas y pueden incluso enfermarlas. 

Permítanme  repetirlo  una  vez  más: no estoy aconsejando que debemos apartarnos de la vida social, de  las necesidades de otras personas, y no sólo de  las personas.  

«Nadie  tiene  un  amor mayor  que  éste:  que uno dé su vida por sus amigos» 
Juan 15:13

Pero  no  hay  que  hacerlo  en  odio,  furia  o  desprecio, sino  en  calma, amor,  en  dirección  de  su  atención  al Propósito Más Alto, al Padre Celestial. Exactamente así Jesús iba a Su muerte. 

Mientras  estamos  en  cuerpos  físicos,  podemos cambiar según nuestra voluntad los hábitos de vivir en estados emocionales, en particular, con la ayuda de métodos de autorregulación psíquica y las varias técnicas meditativas. También podemos  recibir ayuda de otras personas  para  esforzarse  a  ser  mejor.  Pero  una  vez cuando el cuerpo se ha muerto es imposible cambiar el estado de uno mismo. Y entonces ya nadie podrá ayudar. Sólo uno mismo puede cambiar su destino por sí mismo durante su vida en un cuerpo físico. 

Nuestros destinos en las encarnaciones actuales o futuras son afectados por nuestros vicios. Por ejemplo, si nosotros ignoramos el dolor de otros seres vivientes (no sólo de las personas) y los hacemos sufrir o permitimos que sufran, entonces Dios  va  a  desacostumbrarnos  de  este  hábito. ¿Cómo? Poniéndonos en situaciones donde padeceremos dolor para que podamos —experimentando  el  dolor— aprender  a  ser  compasivos al dolor  de  los  demás. De esta manera programamos nuestros destinos (el infierno en  la Tierra), con  los cuales será mucho más difícil refinar emociones. Ahí donde el robo, la mentira y el asesinato pasan por hechos generosos. 

¿Qué debemos hacer  ahora para  librarnos de  los vicios que nos destruyen? 



Editado de : "La enseñanza original de Jesús el Cristo" - Vladimir Antonov

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