domingo, 23 de diciembre de 2012

¿Nos sirve el recuerdo?

Todos tenemos, dentro de nuestra alma, una especie de cofre donde guardamos nuestros recuerdos más añorados, gratos y algunas veces, hasta los dolorosos. El abrir nuestro cofre de los recuerdos es volver a sentir y a vivir aquellas experiencias que en algunas oportunidades nos impulsarán e inspirarán y en otras nos generarán dolor, miedo o duda, haciendo imposible continuar nuestro camino. Pero lo importante es que nosotros somos los dueños de ese cofre y somos los únicos responsables de revisar constantemente qué es lo que estamos guardando en él. De nosotros depende tener un cofre de oro o un cofre de hierro.

Cuando el filósofo Nietzsche decía que el hombre superior era el hombre de más larga memoria, no se refería a una memoria capaz de acumular la mayor cantidad de datos, de conceptos o de teorías, se refería al hombre que es capaz de recordar los aciertos y errores que ha tenido en su vida para evitar equivocarse una y otra vez.

Cuántas veces nos hemos molestado por lo mismo, cuántas veces hemos sufrido por lo mismo, cuántas veces nos han engañado de la misma manera, cuántas veces hemos lastimado a nuestros seres queridos de la misma forma… Cuántas veces la humanidad se ha dividido por fanatismo, cuántas veces la humanidad ha sufrido por guerras, cuántas veces la humanidad ha perdido la fe... Seguramente muchas; sin embargo la capacidad de acumular estas experiencias y reflexionar sobre ellas, es lo que podrá llevarnos a un crecimiento interior con mayor rapidez y con menos dolor, pues evitaremos caer una y otra vez en el mismo agujero. Esta enseñanza la podemos aplicar en la vida personal y también en la historia de la humanidad.

Lo importante es recordar la experiencia, lo que aprendimos de nosotros mismos y de la circunstancia, pero evitando llevar con nosotros el dolor propio de la misma. Si nuestro corazón y nuestra mente están llenos de dolor o de rencor, no habrá espacio para nuevos sentimientos ni sueños.

Cuenta la historia que uno de los momentos más dolorosos en la vida del filósofo Platón, fue cuando su Maestro Sócrates, a quien le tenía una profunda devoción, muere habiendo sido condenado injustamente. Ante es te gran dolor él escribe una de sus obras más notables: “El Fedón”, en el cual transmite las enseñanzas de su maestro Sócrates sobre la inmortalidad del alma. Así, Platón transforma su dolor y nos transmite un mensaje lleno de sabiduría y belleza.

Así como el hombre guarda sus recuerdos en la memoria, la humanidad guarda sus recuerdos en la historia. La historia es la memoria de la humanidad. Es por ello que las culturas clásicas, como Roma, solían llamarla “Maestra de Vida”, pues un pueblo que conoce su historia no está condenado a repetir los mismos errores una y otra vez; por otro lado, se inspira en sus tradiciones y en sus héroes.

El pueblo romano se consideraba descendientes del Dios Marte, Dios de la guerra y de la sacerdotisa Silvia Rea. Al recordar sus orígenes ellos eran conscientes de su noble procedencia y sabían cómo debían actuar. No podían menos que vivir haciendo gala de grandes y reales muestras de valor y de honor.

Cuando Platón decía “Dioses sois, pero lo habéis olvidado”. Se refería a que hemos olvidado cuáles son nuestros orígenes espirituales. Si no recordamos de dónde venimos, tampoco sabremos quiénes somos ni a dónde nos dirigimos.

A pesar de vivir en una época tan materialista aún podemos intuir, muy en el fondo de nuestra alma, que nuestro origen es superior. Cuentan un mito platónicos en los orígenes de la creación, el hombre era un ser alado que vivía en un mundo celeste. Allí estaba en contacto con lo bueno, lo bello y lo justo. En un momento determinado él se identificó más con el mundo de la materia, perdiendo así sus alas y quedando atrapado en este mundo. Sin embargo, cada vez que el hombre percibe o está en contacto con la Belleza, la Bondad de corazón y la Justicia verdadera, siente una emoción muy grande en su interior pues su alma recuerda el mundo espiritual del cual partió alguna vez.

No temamos buscar y recordar la belleza, la bondad y la justicia pues sentiremos el batir de aquellas alas que alguna vez perdimos, sentiremos que nuestra alma nuevamente quiere volar.

Cortesía: Curso Filosofía para la Vida
Nueva Acrópolis Perú

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