sábado, 8 de enero de 2011

¿Trabajo o Parasitismo?

Jesús el Cristo logró todo. Él era consustancial con el Padre. El Que está unido al Padre no necesita nada «terrenal». Él está listo para aceptar la muerte del cuerpo y resucitar completamente en el Padre. El cuerpo para Él no es sino un impedimento, y sólo la Voluntad del Padre Le hace sostener la existencia del cuerpo.

Jesús no vivió para Sí Mismo, Él vivió para las personas. Y les dio todo lo que tenía, todo de Él Mismo. Él aconsejaba hacer esto a Sus seguidores. ¿Porqué necesitan ustedes algo «terrenal»? Nosotros estamos trabajando, predicando la Verdad, sanando a las personas, ellas se alegran cuando las visitamos, ellas nos alimentan, tenemos ropa y se nos da un resguardo durante la noche. ¿Qué más necesitamos en la Tierra? ¡Busquen al Padre entonces! Y no tengan resentimiento para dar a los demás lo que ustedes tienen.


«(…) No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán. Porque la vida es más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa. Consideren los cuervos, que ni siembran ni siegan; no tienen bodega ni granero, y sin embargo, Dios los alimenta; ¡cuánto más valen ustedes que las aves! (…) Consideren los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. (…) No se afanen por lo que han de comer o de beber, y no estén preocupados (por todo esto). Porque las gentes del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero su Padre sabe que necesitan estas cosas. Mas busquen el Reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas. ¡No temas, rebaño pequeño! (…) Acumulen un tesoro inagotable en los Cielos, donde no se acerca ningún ladrón (…). Porque donde esté su tesoro, allí también estará su corazón»
(Lucas 12:22-34).

Es más, un día, «(…) un cierto hombre prominente Le preguntó, diciendo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. (…) Y Jesús le dijo: “Te falta todavía una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres (…) y ven, sígueme”» (Lucas 18:18-22).

Jesús supo que este hombre podía hacer un progreso, si se decidía a hacerse Su discípulo. Pero él no deseaba convertirse en un discípulo. ¿A quién se dirigía Jesús, cuando propuso renunciar a todo lo «terrenal»? ¿A las personas dignas de llegar a ser Sus discípulos o a todas las personas? Por supuesto, a los primeros.

Quiénes eran dignos de volverse los discípulos más íntimos de Jesús? ¿Ociosos y parásitos? ¡No! Jesús esperaba pasar a Sus discípulos más íntimos el conocimiento más alto. Éstas son etapas finales de la evolución personal de las almas humanas. Y uno tiene que repararse a sí mismo para éstas, desarrollando en sí mismo el Amor, la Sabiduría y el Poder a través de los asuntos terrenales: a través del amor familiar, a través de proporcionarse para sí mismo y su propia familia, ayudando a los amigos y cualquiera a quien pueda ayudar, defendiéndolos de los delincuentes, esforzándose por mejorar la vida de todas las personas… Y solamente cuando el hombre se haya desarrollado a sí mismo en todos estos asuntos exotéricos, llegará el tiempo para el trabajo esotérico serio, con el propósito de conocer a Dios el Padre y unirse con Él.

Sólo unos pocos son capaces de lo último. El resto tiene que perfeccionarse, en primer lugar, a través del trabajo por el bien de los demás. Y sólo el que trabaja, sólo él «es digno de su comida» (Mateo 10:10). Es «el obrero (quien) es digno de su salario (…)» (Lucas 10:7). Es el que trabaja digno del bienestar.

«¿Quién sirve como un soldado a sus propias expensas cualquier día? ¿Quién  planta una viña y no come de su fruta? ¿Y quién pasta a un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño? ¿Acaso digo esto según el juicio humano? ¿No dice también la ley esto mismo? Pues en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey cuando trilla. ¿Acaso Le preocupan a Dios los bueyes? ¿O lo dice especialmente por nosotros? Sí, se escribió por nosotros, porque el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla debe trillar con la esperanza de participar de la cosecha»
(1 Corintios 9:7-10).

Jesús y los apóstoles no cultivaron trigo, no pastaron ganado, no construyeron casas. Pero ellos sirvieron ;a las personas con el servicio más alto: el servicio que estas personas no podían realizar por sí mismas. Ellos mostraron el camino a Dios. ¡Y así, merecieron comida!.

Por lo tanto, la pregunta es: ¿debemos estimular el parasitismo de las personas, consentirlos en esto? ¿Las dañamos o las ayudamos con esto?. Pero que nadie concluya de lo antedicho que nunca debemos compartir, dar o regalar. Por supuesto que debemos hacerlo, y no sólo dinero o bienes materiales, sino también dar el conocimiento para que la vida de esa persona sea orientada a la búsqueda de la Verdad y el Amor. Ésta es una manifestación de nuestro amor. Pero hay que regalar al que es digno de recibir. Esto será un hecho de sabiduría.

"No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen."
(Mateo 7:6).

Recordemos las palabras de Jesús:

«Bienaventurado el hombre que ha trabajado: él ha encontrado la vida (correcta)»
(El Evangelio de Tomás, 58).


¿Trabajo o Parasitismo?

"Porque en la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta; en la exhortación; el que reparte, hágalo con generosidad; el que preside, con seriedad; el que hace obras de misericordia, que las haga con alegría.

El Amor sea sin hipocresía. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no seáis perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.

Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal."
(Romanos 4:21)

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