martes, 8 de noviembre de 2011

El eterno buscador

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Hay un tipo especial de hombre que no se conforma con aceptar que la vida consiste solo en estudiar, trabajar, comer, reproducirse y descansar. Hay quienes intuyen que la vida debe tener un propósito más trascendente, más profundo. Ese hombre que busca respuestas sobre la vida es un filósofo.

La filósofa Delia Steinberg Guzmán, Directora Internacional de Nueva Acrópolis, nos dice:

"Si tuviésemos que destacar una de las características fundamentales del filósofo, del hombre que ama la Sabiduría, diríamos que reúne las condiciones del eterno buscador. Es un hombre de conquista, que dejará de buscar cuando, por fin, llegue a la Sabiduría; y no sabemos si entonces buscará otras cosas, hoy incomprensibles e inasequibles para nosotros".

El filósofo es como un sabueso que va por los campos y bosques, por las montañas y por los ríos de la vida, detrás de unas huellas muy especiales. Busca el conocimiento real de todas las cosas. Se busca a sí mismo. Busca la Verdad, busca, en una palabra, a Dios como raíz universal.

Pero, ¿por qué es tan largo y dificultoso su camino? ¿Acaso la Verdad no está en este mundo en que vivimos? ¿Es que Dios no se deja ver aquí? ¿Es necesario atravesar un infinito desierto, nuestra vida manifiesta, nuestro entorno histórico, nuestras circunstancias para encontrar lo que buscamos más allá de estas fronteras? No.

Creemos que Dios y la Verdad están en este mundo, en nuestro ambiente, en nuestros logros y en nuestros problemas. Pero están cubiertos por una espesa capa de fango. Quedan disimulados bajo figuras grotescas, a tal punto que en muchas ocasiones la mentira ocupa el lugar de la Verdad sin que aparentemente nadie pueda desenmascararla; y el vacío interior y el descreimiento ocupan el sitio de los naturales impulsos del espíritu humano.

La habilidad del filósofo buscador consiste en hallar aquí y ahora, en medio de los errores y la ignorancia, en medio de la oscuridad y las trampas, aquellas realidades ocultas que esperan el esfuerzo de los hombres valientes para llegar a refulgir con todo su poder.

Se impone buscar, sin cansancio, sin desperdiciar la menor oportunidad de descubrir luces entre las tinieblas, de encontrar unas gotas de felicidad aun en medio de las desdichas, una partícula de Verdad entre tanta desorientación.

Lo importante es la meta, es usar los sentidos y la inteligencia como guías para llegar a ella.
El que sabe lo que busca y cómo hacerlo, ése es el FILÓSOFO

Si te preguntas cómo puedes ser mejor, en qué consisten la vida y la muerte, por qué suceden las cosas, qué leyes rigen la existencia…Si te animas a buscar la verdad en las respuestas que encontraron los hombres más sabios de culturas como Egipto, India, Grecia, Roma, China, Tíbet, entre otras, entonces te encantará conocer la Escuela de Filosofía de Nueva Acrópolis.

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