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domingo, 17 de junio de 2012

Solo tú decides

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¡Mírame bien, no bajes la mirada!
¡Te reto a verme de frente!
A hablar claramente
antes de declararte derrotada...

Soy tu yo interior, tu identidad
verdadera... esa que fluye sin pensar,
ante la alegría y la adversidad..

Esa que a veces sale sin llamar...

Hoy estoy aqui frente a ti,
pues me desisto a verte sufrir....

No quiero verte vencida
ni por la vida acabada....

Tengo que ser duro contigo,
como maestro que impone castigo,
al niño que por flojera y juego
no cumple con su destino....


¿Tan poco te quieres? ....

¿Tan poco crees que vales? ...

¿Solo deseas de tus amigos lástima?
¡No! Querida estas mal, muy mal,
es mucho más importante aquel
ser que es digno de admiración y respeto...
Que vence obstáculos y sufrimieno....
Aquel que ante las adversidades crece
como roble, sin inmutarse
por los fuertes vientos,
aunque de sus hojas sea despojado....


No pretendo que seas de hierro e inmune
ante el dolor y el fracaso,
solo quiero adquieras
mas valor para continuar por la vida
con experiencia y amor...



No seas presa de la frustración y amargura,
mejor deja que esas lágrimas laven tus heridas
para que asi tu alma limpia
este de nuevo lista para el combate...

Vamos mirame de frente, así
sostenme la mirada...

Confío en ti y sé que eres fuerte...
Y que puedes vencer al hastío...
Asi es que... respira profundo,
y erguida continua tu camino...

Aprende de los errores,
asimila las experiencias
Atesora los éxitos obtenidos....
Y olvida esas penas amargas
que tanto daño te han causado...
Que te impiden seguir triunfando..


No te quedes en una mediocre obtenida,
pues es fácil y cómodo, no vallas a quedarte
a medio camino tirada sin sueños e ideal...


¡Vamos!....¡Adelante sé que tu puedes!
Recuerda que es mejor ser objeto
de admiración y respeto
por lo poco logrado...

Que ser por siempre motivo
lastima y compasión
sentirte vencida...
y por la sociedad ignorado...

TÚ tienes la última decisión,
elige si deseas ser una piltrafa humana
o una mujer de temple y recio corazón
que ha sabido vencer la desolación.


domingo, 15 de mayo de 2011

El arte de amar (Erich Fromm)

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Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

Que el amor implica cuidado es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo. Ninguna declaración de amor por su parte nos parecería sincera si viéramos que descuida al niño, si deja de alimentarlo, de bañarlo, de proporcionarle bienestar físico; y creemos en su amor si vemos que cuida al niño. Lo mismo ocurre incluso con el amor a los animales y las flores. Si una mujer nos dijera que ama las flores y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su «amor» a las flores. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es «trabajar» por algo y «hacerlo crecer», el amor y el trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama.

El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser «responsable» significa estar listo y dispuesto a «responder». La persona que ama, responde. La vida de su hermano no es sólo asunto de su hermano, sino propio.

Siéntese tan responsable por sus semejantes como por sí mismo. Tal responsabilidad, en el caso de la madre y su hijo, atañe principalmente al cuidado de las necesidades físicas. En el amor entre adultos, a las necesidades psíquicas de la otra persona.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que les es propia y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: El amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos.

Puedo saber, por ejemplo, que una persona está encolerizada, aunque no lo demuestre abiertamente; pero puedo llegar a conocerla más profundamente aún; sé entonces que está angustiada, e inquieta; que se siente sola, que se siente culpable. Sé entonces que su cólera no es más que la manifestación de algo más profundo, y la veo angustiada e inquieta, es decir, como una persona que sufre y no como una persona enojada.

Pero el conocimiento tiene otra relación, más fundamental, con el problema del amor. La necesidad básica de fundirse con otra persona para trascender de ese modo la prisión de la propia separatividad se vincula, de modo íntimo, con otro deseo específicamente humano, el de conocer el «secreto del hombre». Si bien la vida en sus aspectos meramente biológicos es un milagro y un secreto, el hombre, en sus aspectos humanos, es un impenetrable secreto para sí mismo -y para sus semejantes-. Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es «él».

Otro camino para conocer «el secreto» es el amor. El amor es la penetración activa en la otra persona, en la que la unión satisface mi deseo de conocer. En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mí mismo, conozco a todos -y no «conozco» nada-. Conozco de la única manera en que el conocimiento de lo que está vivo le es posible al hombre -por la experiencia de la unión- no mediante algún conocimiento proporcionado por nuestro pensamiento. El amor es la única forma de conocimiento, que, en el acto de unión, satisface mi búsqueda. En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre. El anhelo de conocernos a nosotros mismos y de conocer a nuestros semejantes fue expresado en el lema délfico: «Conócete a ti mismo» Tal es la fuente primordial de toda psicología. Pero puesto que deseamos conocer todo del hombre, su más profundo secreto, el conocimiento corriente, el que procede sólo del pensamiento, nunca se puede satisfacer dicho deseo. Aunque llegáramos a conocernos muchísimo más, nunca alcanzaríamos el fondo. Seguiríamos siendo un enigma para nosotros mismos, y nuestros semejantes seguirían siéndolo para nosotros. La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Es una zambullida temeraria en la experiencia de la unión. Sin embargo, el conocimiento del pensamiento, es decir, el conocimiento psicológico, es una condición necesaria para el pleno conocimiento en el acto de amar. Tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, o más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella. Sólo conociendo objetivamente a un ser humano, puedo conocerlo en su esencia última, en el acto de amar. Esta afirmación tiene una consecuencia importante para el papel de la psicología en la cultura occidental contemporánea. Si bien la gran popularidad de la psicología indica ciertamente interés en el conocimiento del hombre, también descubre la fundamental falta de amor en las relaciones humanas actuales. El conocimiento psicológico se convierte así en un sustituto del conocimiento pleno del acto de amar, en lugar de ser un paso hacia él.

La experiencia de la unión, con el hombre, o, desde un punto de vista religioso, con Dios, no es en modo alguno irracional. Por el contrario, y como lo señaló Albert Schweitzer, es la consecuencia del racionalismo, su consecuencia más audaz y radical. Se basa en nuestro conocimiento de las limitaciones fundamentales, y no accidentales, de nuestro conocimiento. Es el conocimiento de que nunca «captaremos» el secreto del hombre y del universo, pero que podemos conocerlos, sin embargo, en el acto de amar. La psicología como ciencia tiene limitaciones, y así como la consecuencia lógica de la teología es el misticismo, así la consecuencia última de la psicología es el amor.

Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura; esto es, en la persona que desarrolla productivamente sus propios poderes, que sólo desea poseer los que ha ganado con su trabajo, que ha renunciado a los sueños narcisistas de omnisapiencia y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que sólo la genuina actividad productiva puede proporcionar.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Minorías

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Aquellos que miran con desdén al sexo opuesto en la próxima encarnación conseguirán un cuerpo de ese sexo ciertamente y encarnarán en el ambiente social que los hará experimentar totalmente el mismo desdén a ellos mismos.

Es lo mismo con el factor nacional, confesional, con el problema de «las minorías sexuales»: el que despreció u odió a las personas, porque ellos no son «como yo», «como nosotros» serán enseñados por Dios a ser compasivos al dolor de los otros a través de su propio dolor. Éste es uno de los métodos usuales de Dios para guiarnos.

Es por esta razón que Él crea cuerpos de varias «minorías»: para que encarnen en éstos los pecadores que detestaron a estas «minorías».

Nuestra tarea es aprender a no subdividir a las personas en «nosotros» y «forasteros» por cualquier rasgo. «Todos somos hijos de Dios», esto es lo que Dios nos enseña.


«(…) No hay ninguna diferencia entre judío y griego, porque el mismo Señor es el Señor de todos los que Le invocan»
 (Romanos 10:12). 

Lo mismo sucede con cualquier rasgo de apariencia humana externa. Lo que es importante para evaluar a las personas son sus gunas. Hay que amar a todos, aunque diferentemente: algunos, con amor-devoción y respeto, a otros, como amamos a los niños o a los amigos y a otros, con amor-compasión. ¡Pero nunca se debe odiar o mostrar desdén hacia nadie!


«Así el discípulo de Dios: si es sabio, él comprende los principios del aprendizaje. Las formas corporales no lo engañarán, sino que él mirará a la condición del alma de cada uno, (cuando) hable con él. Hay muchos animales en el mundo que tienen forma (corporal) humana. Cuando los identifique, a los cerdos él les echará bellotas, al ganado le echará cebada, paja y heno; a los perros echará huesos, a los esclavos les dará brotes, y a los niños les dará lo perfecto»
(El Evangelio de Felipe, 119.)


Editado de :"La enseñanza original de Jesús el Cristo" - Vladimir Antonov

jueves, 29 de julio de 2010

Las Virtudes Platónicas


"Platón define cómo un individuo puede lograr estas virtudes: la prudencia viene del ejercicio de razón, la fortaleza de ejercer las emociones o el espíritu, la templanza de dejar que la razón anule los deseos, y desde estas la justicia viene, un estado en que cada elemento de la mente está de acuerdo con los otros."

"Platón describe la justicia como la virtud fundante y preservante porque sólo cuando alguien comprenda la justicia puede conseguir las otras tres virtudes, y cuando alguien posee todas las cuatro virtudes es la justicia que mantiene todos juntos."




¿Qué es una Virtud?

Es una cualidad personal que se considera una disposición habitual y firme para hacer las cosas de forma buena y correcta. Actuar con amabilidad y consideración por los sentimientos y pensamientos de otros. Hacer del mundo un lugar más agradable en el que estar con la actitud de comenzando por uno mismo. Ayudar sin entorpecer el trabajo o proyectos de otros.


Las 4 Virtudes Platónicas

En definitiva Virtud es una propensión y facilidad para conocer y obrar el bien, se llaman cardinales las que son el principio y el fundamento de las demás virtudes. Las Virtudes cardinales, son hábitos que se adquieren con el ejercicio y la repetición y que la habilitan para la realización de una vida correcta y buena. Mediante estas virtudes nuestras facultades apetitivas se inclinan hacia lo conveniente y conforme al juicio de la razón. La repetición de los actos provoca la aparición de hábitos. Cuando estos hábitos predisponen al hombre adecuadamente para el cumplimiento del bien reciben el nombre de virtudes y en caso contrario de vicios. La moral llama a un trabajo ascético (se dice de la persona que se dedica a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual y lleva una vida modesta y sobria) sobre las pasiones, para dominarlas al juicio de la razón, de modo tal que ellas nos ayuden para la mejor consecución de nuestros fines.

Estas virtudes son cuatro:
  • Prudencia
  • Justicia
  • Fortaleza
  • Templanza

Virtud de la Prudencia


Consiste en actuar con reflexión y precaución para evitar posibles daños, dispone la razón practica para discernir el bien y elegir los medios justos para realizarlos. Es el valor que nos ayuda con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida, nos ayuda a reflexionar y a considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones, teniendo como resultado un actuar correcto en cualquier circunstancia. Este valor se forja por la manera en que se conduce el hombre ordinariamente. Ante una situación problemática se debe antes que nada reflexionar y conservar la calma, en todo momento, pues si nos damos cuenta y reflexionamos, la mayoría de los malos aciertos en la vida, ocurren por una mala decisión.

Defectos:
  • Usar la prudencia para el propio beneficio ( fama, dinero, honores ).
  • Me preocupa el que dirán.
  • Falsedad.
  • Actuar sin pensar.
En definitiva la prudencia es un juicio ordenado, la prudencia juzgará si en un determinado caso, nos podemos comportar de un modo que no sea el adecuado. Moralmente será siempre mas prudente aquel que sabrá tomar la mejor decisión sin atropellar la moral y lo ético. Si se actúa con prudencia no existen los riesgos, pues se actúa razonando y usando la lógica, de esta manera se medita y prevé los actos. Es muy seguro que si se usa la prudencia el error sobre las decisiones y actos será mínimo, de ésta forma la prudencia se convierte en la guía segura de los actos, edificará una personalidad recia, segura, perseverante, capaz de comprometerse en todo y con todos, generando confianza y estabilidad en quienes le rodean.


Virtud de la Justicia


Consiste en dar a cada uno lo que le es propio de acuerdo a su naturaleza y a sus actos correspondientes. Para ello precisamente se necesita la guía de la prudencia. La justicia no existe sin la misericordia, la caridad o el amor. La justicia es principio fundamental de la existencia y coexistencia de los hombres, como asimismo de las comunidades humanas, de las sociedades y los pueblos. Puede decirse que el sentido mismo de la existencia del hombre sobre la tierra está vinculado a la justicia.

Definir correctamente "cuánto se debe" a cada uno por parte de todos y, al mismo tiempo, a todos por parte de cada uno.

Definir correctamente "lo que se debe" al hombre de parte del hombre en los diferentes sistemas y relaciones, definirlo y, sobre todo, llevarlo a cabo.

Defectos:
  • La injusticia, el atropello de los derechos de los demás.
  • La calumnia , el hablar mal del prójimo.
  • Deshonestidad en el negocio, fraude, no pagar deudas, etc.
  • Favoritismos, hacer diferencias entre las personas (apropósito).
Para organizar con justicia el conjunto de la vida social en sus aspectos varios, es necesario que el hombre viva en un contexto de justicia y, más aún, que cada uno sea justo y actúe con justicia respecto de los cercanos y de los lejanos, de la comunidad, de la sociedad de que es miembro. La justicia es la base de la posibilidad real de ser bueno; en esto se apoya la elevada categoría de la prudencia. La justicia protege y garantiza los derechos y deberes fundamentales, observa y juzga las condiciones que afectan a los diversos sectores de la sociedad, vigila y guía la disparidad de oportunidades económicas y orienta las circunstancias sociales de modo que favorezcan la convivencia pacífica de los pueblos.


Virtud de la Fortaleza


La fortaleza en la filosofía griega se entiende como fuerza de ánimo frente a las adversidades de la vida, como desprecio del peligro. La virtud de la fortaleza consiste en tener el valor y la constancia para perseverar en una obra buena hasta el final, no importando los obstáculos o soportando una mala situación con paciencia e inteligencia hasta el final sin derrumbarse. También incluye el valor en situaciones de peligro y la capacidad de tomar riesgos prudentes. Según la doctrina de Santo Tomás, la virtud de la fortaleza se encuentra en el hombre que está dispuesto a afrontar los peligros y dispuesto a soportar las adversidades por una causa justa, por la verdad, la justicia, etcétera. La virtud de la fortaleza requiere siempre una cierta superación de la debilidad humana y, sobre todo, del miedo. Porque el hombre, por naturaleza, teme espontáneamente el peligro, los disgustos y sufrimientos. Tenemos necesidad de fortaleza para ser hombres. En efecto, hombre verdaderamente prudente es sólo el que posee la virtud de la fortaleza; del mismo modo que hombre verdaderamente justo es sólo el que tiene la virtud de la fortaleza. Asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien.


Defectos:
  • Miedo a la Cruz que nos toca vivir (Nuestro Kharma), miedo al sacrificio y a las dificultades.
  • Desaliento, dejarse desanimar ante el primer fracaso.
  • Ser impaciente, querer que todo se solucione enseguida.


Virtud de la Templanza


La virtud de la templanza es la virtud que nos capacita para controlar y canalizar correctamente nuestras tendencias. A esta virtud se la llama también sobriedad. La virtud de la templanza representa el término medio entre el desenfreno y la insensibilidad(Los tres Gunas).

Para unos, un comportamiento es conformarse a unas reglas, pero no sólo es esto. La templanza no es meramente dominarse y moderarse, sino que es una discreción ordenadora en orden a la armonía y perfección del interior del hombre. Ordenar por la templanza significa suprimir, sino armonizar.

Dominio del gusto y del tacto (son los dos sentidos más afines con esta virtud) que impone la razón, de forma que el hombre y la mujer se guíen por la moderación y no sean esclavos de los placeres sensibles. También podemos denominar "templanza natural", la cual debe estar presente en la vida de todas las personas, pues, de lo contrario, su conducta sería dirigida por el instinto, lo que les acercaría más o menos a la existencia de los animales.

Defectos:
  • Abusar del alcohol, drogas, comida, juego. Tener algún vicio.
  • Maltratar a mi cuerpo ( anorexia, bulimia, sexo fuera del matrimonio).
  • Emplear algún talento de manera egoísta y reaccionar sin control haciendo daño a los demás.
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Las cuatro virtudes cardinales del Tao
Una de las enseñanzas del Tao Te Ching




"Las cuatro virtudes no constituyen un dogma externo, sino que forman parte de tu naturaleza original."


"Cuando se practican, originan la sabiduría y evocan las cinco bendiciones: salud, riqueza, felicidad, longevidad y paz."

Quienes quieran conocer la verdad del universo, deben practicar las cuatro virtudes cardinales:

La primera es la reverencia por toda vida; ésta se manifiesta como amor incondicional y respeto por uno mismo y por todos los demás seres.

La segunda es la sinceridad natural; ésta se manifiesta como honradez, simplicidad y lealtad.

La tercera es la mansedumbre; ésta se manifiesta como bondad, consideración por los demás y sensibilidad hacia la verdad espiritual.

La cuarta es actitud de ayuda, ésta se manifiesta como servicio a los demás sin expectativa de recompensa.

Hua Hu Ching, Lao Tse


Conclusiónes:

"Actuar siempre con reflexión y precaución para evitar posibles daños, disponer de la razón practica para discernir el bien y elegir los medios justos para realizarlos."

"Dar a cada uno lo que le es propio de acuerdo a su naturaleza y a sus actos correspondientes."

"Tener el valor y la constancia para perseverar en una obra buena hasta el final, no importando los obstáculos o soportando una mala situación con paciencia e inteligencia hasta el final sin derrumbarse."

"Controlar y canalizar correctamente nuestras tendencias. Ya sean nuestros pensamientos o nuestro comportamiento"


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